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Redes Neuronales e Inteligencia Artificial 02 Apr 2006 - Tech
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Los mayores misterios del universo para el ser humano se pueden clasificar en tres bloques bien diferenciados: lo muy pequeño (lo concerniente a la mecánica cuántica), lo muy grande (o
concerniente a la relatividad general) y el cerebro. Puesto que ya hemos hablado mucho de los dos primeros, centrémonos ahora en el cerebro, y en la relación que existe entre éste
y las modernas tecnologías de la información.
Lo cierto es que hoy en día no sabemos casi nada del cerebro. Con él, los seres humanos somos capaces de interpretar. Por el contrario, interpretar es una acción que los ordenadores,
tal y como los conocemos hoy, no pueden desempeñar. Puedes ver a un ordenador reproducir un vídeo, pero jamás podrá interpretar un vídeo que le muestres. No podrá decirte lo que se ve:
las olas de la playa chocan contra el dique, y ahora el barco...; no podrá interpretarlo. La interpretación es una actividad típica de nuestro cerebro.
No confundir: un ordenador puede resolver, puede mostrar el resultado de una integral de superficie, pero para ello ha sido previamente programado con los pasos de cómo se hace.
Resolver, que no interpretar. También puede inducir a confusión el reconocimiento computerizado de texto (o incluso de voz), que si bien puede considerarse interpretación propiamente dicha,
no lo es en realidad, ya que están basadas en metodologías topológicas bastante primitivas que además de funcionar bastante mal (sobre todo en el caso de la voz), son en última instancia
métodos informáticos naturales, como pueden serlo cualesquiera otros.
Se nos plantea la pregunta por tanto de si un ordenador podrá alguna vez interpretar como lo hace el cerebro, si un ordenador podrá imitar, simular, o como quieran ustedes llamarlo, a la mente humana.
La respuesta tenemos que buscarla en el ámbito de la Inteligencia Artificial: existe un modelo computacional basado en las redes de neuronas, que son unidades independientes de cálculo
que pueden interactuar entre si, imitando a las neuronas del cerebro, y que son capaces de aprender de una forma parecida a como lo hacemos los seres humanos. Se requiere un entrenamiento,
de la misma forma que un matemático necesita de entrenamiento para ser capaz de resolver problemas de cálculo complejos con facilidad.
Nosotros podemos reconocer un vídeo, un sonido, o una imagen, que representen múltiples situaciones, infinidad de ellas. Pero podemos hacerlo porque nos hemos entrenado para ello:
sabemos lo que es un perro, sabemos lo que es correr, y si vemos una imagen de un perro corriendo podremos interpretarlo fácilmente. Pero un ordenador no puede, porque no ha sido entrenado
para ello. Las redes neuronales son parcialmente una solución a ello, pues pueden entrenar a los ordenadores para que sean capaces de interpretar al más puro estilo homo-sapiens.
Claro que también hay que tener en cuenta el volumen de datos que supondría este entrenamiento: ¿Cuántos Gigabytes tiene un cerebro humano?
En 1950, Alan Turing propuso una prueba en un artículo para la revista Mind, conocida como Test de Turing, para identificar la existencia de inteligencia en una máquina.
Se fundamenta en que si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, entonces debe ser inteligente, y consiste en que un humano interactúe con la máquina:
si el humano en cuestión no es capaz de saber si está interactuando con una máquina o con un ser humano, entonces esta máquina debería de considerarse inteligente.
Todavía ninguna máquina puede pasar este examen en ninguna experiencia basada en el método científico. Una posible aplicación del test de turing sería, por ejemplo, la detección de
spam, ya que éste suele ser enviado automáticamente por máquinas, y una máquina Valid-Turing debería de ser capaz de diferenciar si el mensaje enviado procede de un humano
o de una máquina.
Una noticia a modo de curiosidad, relacionada con el tema: Investigadores del Instituto Fraunhofer están desarrollando junto con el Departamento de Neurología del Hospital Charite en Berlín, una interfaz cerebro-ordenador,
que si bien está todavía en un estado bastante primitivo, ya han conseguido resultados bastante espectaculares, como jugar al Pong con el cerebro o escribir
utilizando una especie de teclado mental. La interfaz consiste en una especie de gorro con 128 sensores de los cuales sale un cable que llega al ordenador,
cuyo software interpreta patrones del encefalograma y con un poco de entrenamiento se consigue aprender a realizar éstas y otras funciones.
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